Setenta años en Argentina
El gran record de un nonagenario
La carrera del Sr. P. Heurtley.
El sábado, con la muerte del Sr. Percy Heurtley, a la madura edad de 92 años, la comunidad británica de la Argentina pierde un gran valor quién era, posiblemente, uno de los decanos de los residentes británicos de este país. Setenta años de residencia es su derecho a este honor, la mayor parte de ellos dedicados a la función pública, llevada a cabo con firmeza de carácter y una honestidad digna de emularse, que dejaron una marca distintiva de sus cualidades.
Tres años antes celebró sus bodas de diamante, y el gran número de parientes y amigos que se sumaron a los festejos son una amplia muestra del afecto que despertaba.
Un pionero de la industria minera y uno de los primeros colonizadores, que se comportó como un leal británico hasta su muerte, como así lo demuestra en toda su carrera. La comunidad británica se ve empobrecida con su muerte que deja una viudad y seis hijos para lamentar esta pérdida.
Nacido el 29 de octubre de 1843 en Kennington, sus primeros años los pasó en Londres. Estudió para convertirse en un hombre de negocios, pero a los 20 años se vió afectado por un problema bronquial y su médico le sugirío irse al exterior.
Siguiendo el consejo de su tío el Sr. Marmaduke Sampson, quien era editor financiero del diario "Times", obtuvo un pasaje para la Argentina, en el viejo vapor "city of Limerick". Acerca del viaje contó la tranquilidad que vivió al ver las costas de Sudamérica, luego de sufrir elo errático comportamiento del barco durante fuertes tormentas.
Arribó a Buenos Aires a fines de 1863, con la idea de hacer una búsqueda de yacimientos minerales en los Andes. Fundó una compañía para explotar unas minas en los distritos de Conta y Castaño, en la provincia de San Juan, a dónde arribó en carreta.
Los métodos de explotación mineral de la época eran de los más primitivo, pero él se las compuso para llevar desviar el agua que bajaba de la montaña para movilizar la maquinaria de la planta de molienda del mineral. Uno era afortunado si obtenía un 75% de oro durante el lavado, a diferencia de casi el 98% obtenido con la utilización de maquinaria moderna.
Las minas se descubrió eran de las llamadas minas de "bolsillo" de 8 metros de profundidad, que daban oro, plata y cobre, en pequeñas cantidades. Pero la gran cantidad de material a excavar para encontrar nuevas vetas requería mucha inversión, de tal forma que comercialmente no era rentable, por lo tanto la compañía fue disuelta.
Las ruinas del viejo campamento minero pueden verse aún en las laderas del viejo valle de Calingasta.
El Sr. Heurtley retornó a Inglaterra en 1866, llevando consigo algunas muestras de los metales descubiertos, que fueron exhibidos más tarde en la Exposición Universal de París, convirténdose, tal vez, en el primer inglés en percatarse de la riqueza mineral de la Argentina.
Al poco tiempo de su llegada, fue nombrado Cónsul Argentino en Southampton, puesto que conservó por cuatro años, hasta que decidió volver a este país, adoptando definitivamente a la Argetina como su lugar de residencia.
En 1970, de regreso en Argentina, estudió las posibilidades de la colinización y dos años después fue uno de los fundadores de la Colonia Alejandra, en la provincia de Santa Fe. Viajó a Rosario Oriental, para traer consigo a varias familias de origen italiano para instalarse con él en Alejandra. Sus descendientes indican que siempre hablaba de las dificultades que enfrentaban en esos tiempos donde el ataque por parte de los indios del lugar era una constante amenaza. Uno de sus compañeros en esos tiempos de aislamiento fue un hombre llamado Wigling, quien fue, eventualmente, muerto de un lanzazo, durante un ataque sorpresa. Wigling, de todas formas, pudo desenfundar su revólver y matar al indio que le causó esa herida mortal. Ese era el tipo de hombre que se animaban a ser pioneros en esos días. La pérdida de su amigo lo afectó tanto que decidió abandonar la colonia y volver a Buenos Aires.
En marzo de 1873, se casó con Montserrat de la Riestra, hija del Sr. Norberto de la Riestra, quien ostentaba el cargo de Ministro de Finanzas, y doña Montserrat Agrelo, una de las más distinguidas familias del país.
En 1881, obtiene un puesto en el Tesoro Nacional, dónde su capacidad es rápidamente reconocida y lo lleva, escalón por escalón, hasta convertirse en 1899 en Jefe de Contabilidad de la Inspección de Bancos Nacionales Garantidos. Después de la revolución de julio de 1890, fue uno de los fundadores de la Caja de Conversión, donde fue nombrado Contador General, cargo que ocupó hasta su retiro en 1915, luego de 35 años de constante servicio, excluyendo los cuatro años que fue Cónsul General en Southamton.
A lo largo de sus setenta años de residencia en este país, fue leal a su país de origen y un partidario de la defensa de los intereses británicos. Una muestra de esto es su negación a adoptar la nacionalidad argentina, a pesar de que esto le hubiera permitido llegar mucho más lejos en su carrera en la Administración Pública. Aunque, por otro lado, dió lo mejor de sí, para su país adoptivo, dejando con su muerte, un gran círculo de amistades que lamentan su pérdida.
Fuera de su carrera profesional, tuvo poco interés en el desarrollo de actividades deportivas aunque siempre estuvo dispuesto a apoyar económicamente cualquier rama del atletismo. En sus comienzos, era considerado un gran jinete y distinguido aficionado a la caza. Además era un gran tirador con rifle y revólver.
El Sr. heurtley fue un miembro activo de la sociedad británica, y uno de los primeros británicos en convertirse en miembro de la "Overseas league", cuya membresía retuvo hasta su muerte. Fue un firme defensor de la Familia Real, y durante la enfermedad del último rey Jorge V, desde su lecho de muerte, no dejaba de preguntar por el estado de Su Majestad. Estaba tan profundamente afectado por la malas noticias sobre el estado de salud del rey, que la muerte del mismo lo fue ocultada. Murió como vivió, leal ciudadano de Argentina, pero más aún leal británico.
Buenos Aires Herald, 26 de enero de 1936.
Fuente: Hernán González Moreno.
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